Novena de la salud
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MEDITACIÓN No somos quien para pedirle cuentas a Dios. Debemos aceptar voluntariamente la vida como es, con sus dolores y gozos. Como criaturas dependemos de Dios nuestro Creador. El no nos abandonó después que nos trajo a la vida ni tiene intención de hacerlo. Pidámosle fe para
p Nos vienen sufrimientos, tristeza, preocupaciones.... para recordarnos que la tierra no es un paraíso y que la vida, verdad y amor que ansiamos no se encuentran aquí abajo. La unión con Dios es el fin de nuestras vidas, como escribió San Agustín: "Nos has hecho para Ti, Señor, y nuestro corazón no tendrá paz hasta descansar en Ti." Jesús es nuestro modelo en la aceptación voluntaria de las penas. Sufrimientos corporales, angustias, amargos desengaños, juicios falsos, traición de amigos íntimos, corrupción de jueces, separación violenta del amor de una madre.... Todo esto lo llevó sobre sí Jesús, consciente, libre y voluntariamente. Al final, en la Cruz, profirió esta palabra de triunfo: "Está consumado." Todo fue conforme al plan de su Padre. En la Cruz se cumplió su plan, que no fue plenamente comprendido hasta tres días después, cuando la Semilla caída en el surco se levantó para una Vida nueva. Fue este el plan que Jesús dio a sus discípulos en el camino de Emaús: "¿No debía Cristo padecer estas cosas y así entrar en la gloria?" El sufrimiento, pues forma parte del plan de nuestro Padre. Una enfermedad puede causar muchos sufrimientos; pero dijo Jesús: "Vengan a mí los que se sienten cargados y agobiados, porque yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy paciente de corazón y humilde, y sus almas encontrarán alivio. Pues mi yugo es bueno, y mi carga liviana" (Mt 11, 28-30). "En verdad, les digo: todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo dará" (Jn 16,23). Quiere Dios que ores y así se cumplirá su promesa: "Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen a la puerta y les abrirán" (Lc 11, 9). Por tanto, es justo pedir por la buena salud. "Más bien alégrense de participar en los sufrimientos de Cristo; pues en el día en que se nos descubra su Gloria, ustedes estarán también en el gozo y la alegría." - 1 Pe 4, 13 Dios no les puede fallar y no permitirá que sean tentados sobre sus fuerzas. Él les dará, al mismo tiempo que la tentación, los medios para resistir." - 1 Cor 10, 13 Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen a la puerta y les abrirán." - Lc 11, 9 ¡Jesús! Cuando vivías entre nosotros, curaste enfermedades y dolencias e incluso a los muertos les devolviste la vida, porque la gente te suplicaba orando que lo hicieses. Creo firmemente que Tú escucharás también mi oración, si así es la voluntad de Dios. Jesús, mi Salvador, te doy gracias por ser mi mejor amigo en cualquier enfermedad de mi vida y compañero de mis sufrimientos: te doy gracias por amarme con un Corazón humano como el mío. Un Corazón que puede comprender mis dolores y problemas, porque pasó por todos los que yo tengo que sufrir. Un Corazón que puede simpatizar conmigo y entablar amistad en la hora que más lo necesito; un Corazón que puede amarme con el amor propio de los mejores amigos. Tu Corazón arde por mí con amor inagotable porque su fuente es el amor abismo de la Divinidad. No me amas menos porque prodigues tu amor a innumerables almas. ¡Jesús! me uno a Ti cuando te ofreces a Ti mismo durante el Santo Sacrificio de la Misa, renovando el Sacrificio del Calvario. Pon en mí los sentimientos de tu Corazón para que con la Comunión frecuente y la oración pueda yo hacerme santo y agradable a Dios, digno sacrificio en unión contigo. Que todas las acciones, sufrimientos, lágrimas y decepciones de mi vida estén consagradas a Ti como sacrificio para la Gloria de Dios. Dame la gracia de sobrellevar alegremente y con entusiasmo cuanto Tú me envías o permites en mi vida, favorable o adverso, pues estoy resuelto a conformarme con tu divina voluntad en todo. No tenga yo otra voluntad más que la tuya. Amén. Madre del Perpetuo Socorro, te ruego que presentes mi petición a tu divino Hijo. No será rechazada si te dignas rogar por mí, porque tu intercesión es poderosa ante Dios. Con la confianza de un niño, me abandono a la santa voluntad de Dios. El cuidará de mis deseos. Madre de misericordia, yo te amo; en ti pongo mi confianza. Por tus manos ofrezco a Dios todos los sacrificios que haya de soportar con todo el amor de mi corazón. Que todas mis penas se conviertan en un acto de amor a Dios, de reparación por mis pecados, y mérito por la salvación de las almas, en particular la mía. Enséñame a tener paciencia y conformidad con la voluntad de Dios, imitándote a ti, Madre Dolorosa. Padre celestial, tu Hijo aceptó nuestros sufrimientos para enseñarnos la virtud de la paciencia en medio de la enfermedad. Escucha mi oración y ayúdame a sufrir. Comprenda yo que Tú me has escogido para ser santo por medio del sufrimiento y que así esté yo unido a la Pasión de Cristo por la salvación del mundo. Muestra sobre mí tu poder compasivo y devuélveme la salud, si es así tu voluntad, para que te dé gracias con gozo en tu Iglesia. Padre celestial, ¡hágase tu voluntad! |