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Por la señal ` de la Santa Cruz, de nuestros enemigos
` líbranos, Señor `
Dios nuestro.
` En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Amén.
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio. Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal. Amén.
1. Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y la tierra.
2. Creo en Jesucristo, su Unico Hijo, Nuestro Señor.
3. Creo que Jesucristo fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; y que nació de Santa María Virgen.
4. Creo que Jesucristo padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
5. Creo que Jesucristo resucitó al tercer día de entre los muertos.
6. Creo que Jesucristo subió a los cielos: está sentado a la derecha de Dios Padre.
7. Creo que desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
8. Creo en el Espíritu Santo.
9. Creo en la Santa iglesia católica.
10. Creo en la comunión de los Santos.
11. Creo en el perdón de los pecados.
12. Creo en la resurrección de la carne.
13. Creo en la vida perdurable. AMÉN
Al comenzar el nuevo día, te pedimos que nos ayudes hoy; que nos libres de todo mal, de todo peligro, de todo pecado.
Que sean buenas nuestras palabras, nuestras acciones y sentimientos. Que sean buenas nuestras acciones y el fondo de nuestro corazón.
Así, cuando se ponga el sol y llegue de nuevo la noche, podremos cantarte alabanza y darte gracias por todo.
Gloria a Dios, Padre del cielo, gloria a su hijo Jesucristo y gloria al Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
Señor: estoy en tu presencia. De Ti vengo, tú me has creado. Te adoro con toda mi alma. Quiero vivir para cumplir la misión que me encomendaste.
Lléname con tu gracia.
Tú me has creado, créame de nuevo. Que lo que haga hoy, todo sea bueno. Concédeme que en este día, te sea grato, para que al anochecer te pueda decir, lo que dijiste al anochecer de tu creación: todo es bueno.
(De San Ignacio de Loyola)
Tomad, Señor, y recibid: toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer; Vos me los disteis. A Vos, Señor, los torno. Todo es vuestro, disponed de todo a vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que esto me basta. Amén.
Bendito eres, Señor, por el alimento que nos das y por tomarlo en comunidad. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.
Te damos gracias, Señor, por el alimento y por la alegría que nos ha proporcionado tu bondad.
Acuérdate de nuestra comunidad y de todas las personas que nos hacen el bien. Haz que trabajando por tu Reino, nos reunamos un día en tu Mesa Celestial.
Se hace un pequeño examen de conciencia sobre el modo como pensamos y actuamos durante el día.
Dios mío y Señor mío: Te doy gracias por los beneficios que hoy me has concedido. Te pido perdón por las faltas que cometí durante este día. Me pesa de todo corazón haberte ofendido y propongo firmemente nunca más pecar, ayudado de tu divina gracia.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser quien eres Bondad infinita,
y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; ayudado por tu divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que se me imponga para reparar los pecados que he cometido. Amén.
Yo confieso, ante Dios Todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho, por pensamientos, palabras, obras y omisiones; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Angeles, a los Santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor. Amén.
Señor, quiero recibir el sacramento de la penitencia. Bajo tu mirada voy a examinar mi conciencia. Dame tu luz para ver mis pecados, tu gracia para que me acerque con toda confianza al sacerdote que es tu representante.
Ayúdame a conocer bien mis pecados, y a encontrar en lo posible la causa. Haz que los deteste sinceramente y me corrija.
Virgen María, concédeme ser sincero en mi confesión y renacer a la gracia de una manera más generosa y entusiasta.
Alma de Cristo: santifícame.
Cuerpo de Cristo: sálvame.
Sangre de Cristo: embriágame.
Agua del costado de Cristo: lávame.
Pasión de Cristo: confórtame.
Oh mi buen Jesús: óyeme.
Dentro de tus llagas: escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del enemigo malo: defiéndeme.
En la hora de mi muerte: llámame.
Y mándame ir a Ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén.
¡Oh mi amado y buen Jesús! Postrado en tu santísima presencia, te ruego, con el mayor fervor, imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y propósito firmísimo de enmendarme; mientras que yo, con todo el amor y, con toda la compasión de mi alma, voy considerando tus cinco llagas, teniendo presente, lo que dijo de ti, oh buen Jesús el santo profeta David: "Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos".
Ven Espíritu Santo. Llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu divino amor.
Envía Señor tu Espíritu, y todas las cosas serán creadas. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que iluminaste los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo: haz que seamos dóciles a sus inspiraciones, para que podamos apreciar siempre el bien, recibir su consuelo en las penas, su fortaleza en los momentos difíciles y su entusiasmo para obrar el bien. Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén.
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¡Hola, Jesús! Hoy leí los pasajes bíblicos de tu vida y pude darme cuenta de cuánto nos ama Dios al hacerse un niño como nosotros. Sí, Jesús. Tú fuiste un niño. Tuviste una buena familia, amigos, jugaste, fuiste a la escuela, al templo a orar y discutías con los mayores de los temas de Dios, ayudabas en la casa, y muchas cosas más. Claro, después, como dice la Escritura, te hiciste un hombre creciendo "en sabiduría, en estatura y gracia ante Dios y ante los hombres".
Por lo que veo, Jesús, tus preocupaciones y ocupaciones, cuando eras un niño, distan mucho de las preocupaciones y ocupaciones de los niños de hoy.
Los niños de hoy pensamos en jugar, en oír música, en fiestas, en ver televisión , en computadoras, en ir a la escuela y a la catequesis obligados, en rezar cuando no nos queda más remedio, en tener muchos regalos y dinero, aunque haya otros niños muriéndose de hambre, y en muchas otras cosas que no tienen que ver con la ayuda a los padres o las Leyes de Dios.
¿Cómo te cae esto, Jesús? Me imagino que debes de tener gran dolor en tu corazón, porque eso no es lo que Tú quieres para los niños del mundo.
Señor, estoy de acuerdo con que el mundo progrese. Con lo que no estoy de acuerdo es con dejar morir el mundo espiritual del niño inocente, puro y bueno.
Elevo mi súplica a Ti, Dios hecho Niño, para que extiendas tu mano, a lo largo y ancho del mundo, sobre todos y cada uno de los niños del universo. Bendícenos, Señor. Guíanos, Señor. Enséñanos el buen camino, Señor. Haz que nunca perdamos la inocencia y candidez de niños. Muestra a los padres lo bueno que es amar a los hijos para que éstos difundan tan hermoso amor a lo largo de sus vidas.
Te suplico, Padre Celestial, que coloques, junto a cada uno de los niños de la tierra, tu ángel guardián. Que vele el movimiento de cada niño y lo proteja del abuso, del maltrato, de las malas amistades y del enemigo malo. Líbralos, Señor, de todo mal y envíalos como mensajeros tuyos a construir un mundo mejor. Amén.
Leer capítulos 1 y 2 de San Lucas.
P. Urban o Sáenz Ramirez, O.S.A.
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Me ha costado llegar, pero aquí estoy para hablar contigo, Jesús, y para pedirte que me ayudes a expresarme sin vergüenza alguna. Hace tiempo dejé de ser niño y entré en la famosa y dificil etapa de la juventud. Enseguida me sentí casi un hombre, requiriendo todos los derechos, pero eludiendo las responsabilidades. Por eso, al día de hoy, conozco mucho de derechos humanos, derechos civiles, derechos en el trabajo, derechos universitarios, etc.; pero, me he olvidado de mis obligaciones de hijo, de ciudadano, de mis responsabilidades como hijo de Dios y miembro de la Iglesia.
Ya ves, Señor, llevo mucho tiempo tratando de aprender cosas para tener un futuro asegurado. Pero, debo confesar, que me he olvidado del futuro de mi vida espiritual. He buscado fuera todo lo que creía me haría feliz: amistades, sexo, drogas, libros, independencia, playas, carros, etc. Hoy entiendo que todo eso es pasajero. Que lo único que dura para siempre es Tu Vida en mí, y esa es la que quiero tener. Ayúdame, Señor.
Ayúdame a buscar la paz, porque Tú eres un Dios de PAZ. Ayúdame a rechazar las discusiones y violencias, porque Tú eres un Dios MANSO. Ayúdame a eliminar mis egoísmos, porque Tú eres un Dios de AMOR. Ayúdame a luchar contra las injusticias, porque Tú eres un Dios JUSTO. Ayúdame a luchar contra las tentaciones y el pecado, porque TU GRACIA es más poderosa que el enemigo malo. Ayúdame a luchar contra la soledad y el aislamiento, porque en la vida hay que ser SOLIDARIOS unos con otros.
Ayúdame, Señor a convertirme en un joven lleno de VIDA, FE y ESPERANZA, capaz de luchar y construir un mundo más humano y más lleno de tu PRESENCIA DIVINA.
Bendice, Señor, la juventud del mundo y transforma su fuerza arrolladora en un corazón repleto de vitaminas de amor y fraternidad universal. Amén.
Leer Salmo 56.
P. Urbano Sáenz Ramírez, O.S.A.
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"La mies es mucha y los obreros pocos.
"Señor Jesús, la Iglesia que Tú fundaste ha crecido mucho y
necesita la colaboración de muchos cristianos para expandirla más, y
ayudar a que cada creyente madure en su fe.
Yo soy uno(a) de esos(as) colaboradores(as). Aquí
estoy, Señor, en el día de hoy; primero, para darte las gracias por
haberme llamado a formar parte de este equipo comprometido con tu Reino.
Segundo, para pedirte ayuda para seguir siendo fiel a tu llamado.
En este mundo, tan secularizado, me cuesta mucho ser
fiel. Tú sabes, el estudio, el trabajo, los hijos y nietos, el hogar,
las diversiones... En fin, los afanes de la vida tratan de apagar en mí
una respuesta comprometida y fiel.
Maestro bueno, haz que nunca se apague en mí la luz
de tu Palabra, ni las enseñanzas de la Iglesia. Derrama sobre mí, y
sobre todos los catequistas, la gracia de tu Espíritu para que nunca se
extinga, en tu Iglesia, este servicio que ayuda a iniciar en la fe y a
madurar como discípulos tuyos.
"Qué hermosos son los pies de los que anuncian
el Evangelio", dice la Escritura. ¡Qué maravilloso es poder
contar tu Gloria a todas las naciones! ¡Qué satisfacción se siente al
poder contribuir con la obra de la salvación! ¡Qué dignidad tan
grande has colocado en mí haciéndome parte de tu redención!
"Dejad que los niños se acerquen a mí.",
le dijiste a tus discípulos... Hoy me dices: "Ayúdame a que todos
los hombres vengan a mí." Sí, Señor, quiero ayudarte:
- Para que todos conozcan que Tú eres el Dios verdadero.
- Para que tu nombre sea glorificado en todas las naciones.
- Para proclamar que Tú eres el Dios de la Vida y que triunfaste
sobre la muerte.
- Para que siempre te anunciemos como el Dios de la Verdad, del Amor
y de la Paz.
- Para denunciar, sin miedo, las injusticias y no ser víctima de
los engaños del mundo.
Como hiciste con tus discípulos, Señor, dame, y danos, tu paz, para
que sea, y seamos, testigos del Evangelio y de tu Amor en el mundo.
Amén.
Leer Romanos 10, 19-15
P. Urbano Sáenz Ramírez, O.S.A.
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Señor Jesús, hoy vengo a hablarte y apedirte por la familia. Tú tuviste tu familia en la Tierra: María y José, y entiendes de qué vengo a hablarte. Yo sé que Tú naciste en una familia pobre, humilde, pero llena de fe y esperanza en el Todopoderoso. Sé que, como padres, ellos te cuidaron con todo esmero, te educaron y te acompañaron hasta tu independencia. Gozaron al verte crecer y al verte en las cosas de Dios. También sufrieron, y más tu madre, María, al verte morir en la cruz.
Tú fuiste un buen hijo: amante de tu familia, cooperador con ellos, obediente a ellos y un buen religioso, orando a Dios Padre, en todo momento. Ves, ¡ésa es una buena familia! Y me siento feliz al tener un ejemplo tan maravilloso para imitar.
Padre Dios, si el mundo ha tenido y tiene en Ti y en tu familia un modelo con las mejores condiciones de una excelente familia, ¿por qué no la imita? Señor del Cielo, ¿verdad que Tú no estás contento con las familias de la Tierra? ¿Verdad que necesitamos mucha conversión? Tú que eres el verdadero Amor, ¿Qué clase de amor hay en las familias de hoy? Tú que eres Vida, ¿Qué clase de vida lleva la familia de hoy? Tú que eres la Verdad, ¿No ves cómo nos
engañamos y mentimos unos a otros? Tú que eres manso y humilde de corazón, ¿No ves qué arrogantes somos?
Señor, no quiero ser pesimista. Es que veo a la familia envuelta en tantos dioses, que se han olvidado del único y verdadero Dios. Necesitamos que, como el ciego de nacimiento, nos abras los ojos del alma y, confiadamente, digamos: ¡Creo, Señor! Te pido, Dios Santo, que, como padre, imite a José; como madre, imite a María; y, como hijo, imite a Jesús.
Bajo tu amparo, Dios Uno y Trino, pongo todas las familias del mundo, para que, imitando la familia de Nazaret, transformen la sociedad en una más unida, más pacífica y más llena de tu amor. Amén.
Leer Salmo 25.
P. Urbano Sáenz Ramírez, O.S.A.
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(Tercera Edad)
Señor, mis días y mis años están pasando velozmente. Te agradezco el haberme dado la vida. ¡Cuánto disfruté mi niñez! De verdad, me sentí feliz.
Reconozco tu providencia al haberme dado unos padres que encaminaron mi vida y me ayudaron a ser un ser humano de provecho para la Humanidad. Pero no quiero quedarme en el pasado. Los días se han sucedido unos a otros y aquí estoy para reconocer y agradecer que Tú has estado y estás conmigo en este sendero de la vida.
Me encuentro en esta nueva estapa que quiero poner, también, bajo tu protección. Voy a tener momentos buenos y momentos malos. Momentos de soledad y momentos de abandono. Señor, ni quiero sentirme solo, ni quiero verme inservible.
Te pido la fortaleza de tu gracia para los momentos de angustia. Te pido me ayudes a ser consciente y reconocer mis debilidades y limitaciones. Ayúdame a entender por qué no cuentan conmigo en la toma de decisiones. Y, si cuentan, ayúdame a vaciar lo mejor de mí experiencia.
Si es tu voluntad, Señor, que pueda seguir siendo útil a la Humanidad, hasta el último suspiro de mi vida. Y, sobre todo, que aunque mi cuerpo entero manifieste señales de arrugas y envejecimiento, que mi alma se mantenga limpia, pura y joven como la imagen de un niño.
Finalmente, Señor, haz que vea el ocaso de mi vida con optimismo; que sea consciente de que camino hacia la eternidad, mi nueva y definitiva vida junto a Ti. Amén. Gracias, Señor.
Leer el Salmo 71.
P. Urbano Sáenz Ramírez, O.S.A.
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Jesús, maestro y educador. Desde niño le dijiste a tu madre, María, que tenías que ocuparte de las cosas de tu Padre. Y, así fue. Todo tu empeño fue enseñarnos el camino de la salvación. ¿Crees que tus seguidores hemos aprendido la lección? Me temo que lo que hemos hecho ha sido oírte, pero no escucharte.
Nosotros, Señor, como educadores y cristianos, peregrinos hacia la Ciudad Celeste, debemos gustar y buscar las cosas de arriba.
¡Qué mucho nos cuesta reconocer que Tú eres nuestro Creador! ¡Qué mucho nos cuesta aceptar que los talentos que tenemos Tú nos los has dado! Además, reconocer esto, en nada disminuye, antes bien acrecienta la importancia de trabajar con los seres humanos en la construcción de un mundo mejor.
Hoy, Señor Dios, acudo a Ti para pedirte por los educadores del mundo. Para pedirte ayuda porque, cada día, se nos hace más difícil enseñar. Para pedirte que nos des el don de la sabiduría y de la inteligencia para llegar a la mente de nuestros educandos. Y hacerles ver que estos dones se fundamentan en el Dios que nos creó.
Para pedirte que podamos hacer entender a nuestro mundo que la primera educadora es la familia. Que en la familia hay que descubrir la recta jerarquía de valores.
Maestro del alma, los tiempos que corren no son nada fáciles. Tampoco lo fue para Ti. Hay que enseñar en contra de corriente. Danos fuerza de voluntad para ser constantes en nuestra vocación y enseñar siempre la verdad.
Haznos maestros, abiertos a tu vida; eso nos facilita la tarea educativa. Que en los momentos inaguantables de nuestra profesión, sepamos llenarnos de paciencia y humildad enseñando con nuestro buen ejemplo.
Que nuestra vida de enseñanza aquí en la tierra, sea un fiel testimonio de la enseñanza que Tú nos dejaste a lo largo de tu vida.
Y, que sepamos enseñar evangelizando; para que, a la vez que la sociedad se prepara para competir en la vida, también compita para tener parte en el salón eterno del cielo. Gracias, Señor.
Leer SaImo 53.
P. Urbano Sáenz Ramírez, O.S.A.
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Señor, Tú has creado a todos los hombres a tu imagen. Nosotros somos imagen tuya. Por tanto, ante Ti, todos los seres humanos somos iguales: tenemos una misma naturaleza, un mismo origen, estamos dotados de alma racional y hemos sido redimidos por Cristo. Toda discriminación es pecado.
Es verdad que no todos somos iguales en capacidad física, intelectual y moral. Pero, toda discriminación es contraria a tus designios divinos.
También es verdad que mi deber es tener conciencia de que soy responsable de trabajar y rendir al máximo, de acuerdo a mi capacidad, contribuyendo al servicio y desarrollo de la humanidad.
Dios y Creador nuestro, todos tenemos derecho al trabajo pero no todos lo consiguen. ¡Cuántos padres y madres hay que no pueden satisfacer las necesidades de su familia por no tener un trabajo! ¡Cuánta miseria e injusticia hay en el mundo por las grandes desigualdades! ¡Cuántos deambulantes de la vida por no haber tenido oportunidad de estudio y de trabajo! ¡Cuánta gente muriéndose de hambre por acaparar unos pocos lo que es derecho de todos!
Te pido, Señor, por todos los desempleados. Dales confianza y esperanza. Ayúdalos para que puedan defenderse y defender a los suyos.
Que los surcos de su frente, marcados por el sudor de su vida, sean veredas de salvación. Que todos y cada uno de ellos cooperen al perfeccionamiento de la creación divina. Que ofreciendo su trabajo y sudor diario a Dios, colaboren en la obra redentora de Cristo, quien dio al trabajo una eminente dignidad trabajando, con sus propias manos, en Nazaret.
Que la sociedad ayude a los ciudadanos para que encuentren oportunidades de trabajo y no falte a nadie el pan diario. Que aquellos que dan trabajo no traten a los trabajadores como esclavos y sí como hijos de Dios. Que el trabajo no afecte su vida familiar y religiosa. Que en los momentos de amargura, Tú, Señor, seas el bálsamo que suavice las asperezas de su vida.
A Ti, Señor, te encomiendo la Creación y, a todos los que, de día o de noche, laboran en la misma. Que todo lo que piensen, hagan, digan o sientan, sea para beneficio de la humanidad y gloria tuya. Amén.
Leer Salmo 63.
P. Urbano Sáenz Ramírez, O.S.A.
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Señor, Tú me creaste sano y bueno. Muchas gracias, mi Dios. Hoy mi salud se encuentra quebrantada y yo me siento abatido ante esta situación.
Necesito poner mi confianza en tu misericordia infinita y creer en tu infinito poder sanador:
- Creer que Tú me puedes dar la salud del cuerpo y del alma. Creer que es más importante la salud del alma que la del cuerpo.
- Creer que la medicina espiritual incrementa el efecto de la medicina corporal.
- Creer que el dolor purifica y mejora.
- Creer que, en medio del dolor y del sufrimiento, Tú estás cerca para ayudarme a llevar la cruz.
- Creer que el dolor es redentor. Por la cruz a la luz.
- Creer que Tú velas sobre todos los que en Ti esperan.
- Creer que la salud es un regalo que Tú me haces cada día.
- Creer que los que me cuidan no son unos esclavos sino unos buenos samaritanos.
- Ayúdame, Señor, a ser un enfermo fácil de cuidar.
- Ayúdame a dar buen ejemplo con mi paciencia, mi delicadeza y mi agradecimiento para con todos los que me ayuden y visiten.
- Ayúdame para poder tener la confianza de acudir a tu bondad infinita y suplicar por la salud de los demás enfermos.
- Ayúdame a no desesperar, luciendo alegre aún en medio del dolor y del sufrimiento.
- Ayúdame a ser un buen apóstol con mi enfermedad.
Y, sí es tu voluntad, Divino Médico, dame la salud; a mí y a todos los enfermos. Amén.
Leer Salmo 41.
P. Urbano Sáenz Ramírez, O.S.A.
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Señor, Dios del Universo: Tú has creado el cielo, el mar, la Tierra, y cuanto ésta contiene. Todo te pertenece. Tú eres nuestro Creador. ¿Por qué, entonces, nos peleamos los seres humanos?
¡Ah, el pecado! El pecado del egoísmo y de la soberbia que siembran la discordia. Discordia en mi conciencia, discordia en mí familia, discordia entre mis amigos, discordia en la sociedad, discordia en la política, discordia entre los gobernantes y discordia entre los pueblos de la Tierra. Nos sobra orgullo y nos falta mucha humildad y amor del que Tú nos has dado en tu vida. No hemos aprendido la lección de pedir perdón y de perdonar de verdad.
Padre Dios y Padre Bueno, Tú que nos dejaste la paz, por medio de tu Hijo, ayuda a esta Humanidad inmersa en luchas, discordias y desamores. Haz que el mundo quiera, de verdad, la paz. Ayuda a nuestras fuerzas espirituales para que promuevan la armonía en la Tierra. Haz que los sentimientos de cólera, violencia y mal humor, sean superados por la razón y la firme voluntad de hacer el bien sin mirar a quién.
Que la crítica y el reproche áspero y severo, sean superados por la caridad y el deseo sincero de cumplir tu voluntad. Que mi verdad no se imponga a Tu Verdad. Que mi libertad no limite la libertad de mi prójimo. Que todos los pueblos de la Tierra gocen de la paz que procede del corazón. Que los cañones, los misiles y las armas se conviertan en dardos cargados de respeto y amor por nuestros semejantes. Que los líderes de la Tierra no se cieguen con su poder egoísta sino que sirvan para beneficio de todos y gloria tuya. Porque tuyo es el Reino, tuyo el Poder y tuya la Gloria por siempre, Señor. Amén.
Leer Salmo 72.
P. Urbano Sáenz Ramírez, O.S.A.
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